martes, 24 de junio de 2014

En el día más largo

Hace ya un año desde que te fuiste
En el día más largo
Tras la noche más corta
Hace ya un año desde que recibí la llamada
Puedo oír las palabras, puedo sentir la voz
Después de la confusión, salir precipitado
Pensar en llegar allí
Al único lugar en el mundo donde me correspondía estar
Viajando primero en la línea de la rutina
Incrédulo, extraño
Sin poder entender un mundo que seguía igual
Mientras mi mundo, mi hogar
Había cambiado para siempre
Nada de lo cotidiano tenía sentido
Los otros tratando de sacar partido del tiempo
Entre origen y fin de trayecto
Y yo fuera de todo lugar, fuera de todo tiempo
Al llegar a mi piso, la sensatez mecánica
Billete, maleta, comer
Actos necesarios, dejar que se ocupe la cabeza
Y después el viaje más largo
En el día más largo
Alguna vez fue el sueño, esta vez parecía real
El tren conocido, el paisaje conocido
El pasajero era lo único distinto
Me dejaba llevar mientras viajaba por dentro
Llegar al hogar en el que ya no estabas
Pero si los tuyos y los míos
Y esperar juntos…
Te fuiste deprisa en el día más largo
Y pienso que fue mejor, quiero pensarlo
Quizá un poco pronto, pero sin dolor
Y sin angustia, sin miedos
Pero a tú a cuerpo lo retuvieron más tiempo
No quise volver a verte
¿Para qué? Ya no estabas allí
Unos días después fue cuando te dijimos adiós
Sintiendo, pero sin mostrarlo mucho
Así somos tus hijos, ¿por qué crees que será?
No te hubiera gustado más pena…quizá menos
Tú no te despediste
Bueno, ¿no somos de grandes palabras, verdad?
Tu sabías…espero que sí, y yo sabía…creo que sí
Fue en el día más largo tras la noche más corta
Tras apagarse las hogueras
Hay un fuego que no se apaga
Fuego que da calor y luz a toda vida
Fuego que se alimenta de todo lo que se convierte en pasado
También de nosotros, de nuestro último presente
En él se quemaron los periódicos con tus crucigramas llenos
Y tus libretas y la mariconera que a veces olvidabas
Pero lo que nunca arde en ese fuego son los recuerdos
Y por eso, en él día más largo, tras la noche más corta
Te puedo recordar
Mientras sigo bailando alrededor del fuego

viernes, 9 de mayo de 2014

No es posible volar cuando la gravedad es demasiado fuerte
Cuando un peso irresistible tira de ti hacia dentro
Hasta un interior tan oscuro que ni tú te encuentras en él
Cuando cualquier movimiento parece inútil
Y los demás quedan infinitamente lejos
Cuando en ninguno de los pensamientos hay ligereza
Y el aire se transforma en un vacío muy denso

Pero si logras aguantar, si resistes de pie
Puede ser que todo cambie
Aunque no entiendas el por qué
Puede ser que vueles aunque sea menos que antes
Aunque no logres acercarte a la altura de tus sueños
Puede que ser que el vacío sea mucho más habitable
Llenándolo a tu gusto con cosas simples
Puede ser que regresen los sabores y colores
Y no necesites más sentidos que los que te regalan sensaciones
Puedes disfrutar de ilusiones y compañías aunque no sean para siempre

Aunque solo duren un tiempo tan breve como dura una larga vida

miércoles, 7 de mayo de 2014

Decíamos esas palabras despreocupadamente. Sí, eran palabras tenían un significado profundo, todos lo sabíamos, pero eran usadas con mucha frecuencia. No las sacralizábamos ni nada parecido. Y de repente, aquella tarde tan fría se materializaron en el aire, y todos los que miramos hacia arriba vimos esas palabras escritas, como nubes, pero mucho más sólidas. Y poco tiempo después de haber aparecido comenzaron a caer:
Nadie entendió que pasaba cuando la Comprensión les tapó toda la luz. 
La Eternidad destrozó en un instante varios monumentos históricos.
La Integración provocó muchos daños en un barrio residencial muy exclusivo.
Todo el peso de la Justicia cayó sobre el centro de la ciudad.
Cientos de adolescentes que presenciaban un concierto murieron por Amor.
Una multitud se quedo quieta y en silencio por Respeto.
La Tolerancia se dividió en el aire y cayó sobre los extremos este y oeste de la ciudad.
La Libertad despojó a muchos de todo lo que tenían.
La Dignidad no mató a nadie; afortunadamente apareció a ras del suelo.
La Sinceridad y la Honestidad destruyeron muchas fachadas.
Muchos sueños terminaron al chocar la Inocencia contra el suelo.
La Igualdad se demoró un poco y cayó sobre una zona que no había sido afectada.
La caída de la Confianza provocó grandes destrozos en las redes de comunicación.
El edificio central de una multinacional quedo reducido a polvo por Humildad.
Pero nada hizo más daño que la Verdad.
Los sobrevivientes incrédulos, aturdidos, conmocionados, tratamos de auxiliar a los heridos.

Cuando empezábamos a reorganizarnos, alguien volvió a mirar al cielo y vio que llegar a los Tópicos. 

domingo, 22 de diciembre de 2013

El país de los tulipanes

“Soy un enamorado del país de los tulipanes”. Eso es lo primero que se me viene a la mente cuando pienso en Holanda. Mi padre dijo eso excitado, emocionado. Casi lo gritó. Algo extraño, era un hombre tranquilo y comedido. Le gustaba Holanda. Nunca estuvo allí. Quizá le gustaba por su arte en la ingeniería que les permite ganar terreno al mar, de la que alguna vez habló con admiración. No, mi padre no era ingeniero. Quizá por el fútbol, por aquella “naranja mecánica”. Así que cuando Van Basten marcó ese gol imposible en la final de la Eurocopa, explotó ese amor a una patria extraña, y se declaró así, con tanta fuerza, cambiando su habitual rostro calmado de buen hombre por otro más encendido. Le gustó la frase, la repitió. No creo que lo recuerde tan vivamente por ver a mi padre eufórico, aunque se saliera de lo habitual. Con sinceridad, creo que lo recuerdo más porque me hizo rabiar: yo quería que ganaran los otros. Fíjate, rabiar, porque prefería a los rusos…bueno, los soviéticos, (no creo que nunca los llamara así). Rabiar, que se yo por qué. Qué más da. No es el mejor de los recuerdos que tengo con él, pero ahora, cuando el libro de memorias está cerrado, cuando nada se puede ya añadir, es tan valioso como los demás.
Así que fútbol y tulipanes eso es en esencia lo que es Holanda para mí. Del fútbol ese gol. De los tulipanes el negro. El negro no como luto, las emociones no tienen nada que ver con las apariencias. El negro por otras razones. Visto casi siempre de negro en las carreras. Así lo he hecho en las dos maratones que he corrido. En Ámsterdam repetiré, hay tradiciones que está bien mantener. Tulipán negro, algo raro, un extraño en su especie. Así me he sentido yo muchas veces. Seguro que casi todo el mundo se ha sentido así muchas veces. Pero quizá cuando se es solitario de natural y uno se refugia mucho en sus pensamientos, es más habitual sentirse así. Soy solitario; más aún en periodos inestables. Pero eso no quiere decir que no agradezca mucho los mensajes recibidos y los apoyos ofrecidos. Los valoro de verdad. Ayudan.
Un periodo inestable…cuando ocurre algo que agita de esa manera es normal. Que algo que siempre había sido ya no es. Pensar en lo que siempre se tiene apartado. Replantearse lo que se tenía archivado. La vida es así. Como el fútbol. Como los tulipanes también. Puede pasar mucho tiempo, años, en que la vida nos trata bien. Y entonces casi ni se lo agradecemos porque no le vemos la importancia. Pero otras veces no es tan fácil. Decir que nos muestra su peor cara no sería correcto. La vida siempre es igual, lo que pasa es que no nos fijamos. Simplemente, a veces, nos es desfavorable. Y entonces es cuando se demuestra si uno quiere a la vida. Claro que a ella le va a dar igual que la queramos o no, imagina lo que le va a importar. Pero para nosotros mejor hacerlo.
Siempre se aprende algo en la preparación de la maratón. En este caso creo haber mejorado mis habilidades en seguir adelante. Parece simple. No es nada épico. No al menos en mi caso, sí en otros con mucho más problemas y dolor encima. Y en ocasiones consiguiendo que otros de los que se cuida también sigan adelante. Eso sí es admirable. En mi caso es cuestión de hacerlo no solo por afición sino por disciplina. No siempre puede haber ilusión, a veces no hay ni ganas…se puede descansar, pero no renunciar a seguir adelante. Porque haciéndolo mejor o peor, acertando o equivocándose, todo es mejor que detenerse. Así que ahora es Ámsterdam, luego será Barcelona, Madrid, Berlín, Nueva York o Pekín…cualquiera que sirva de excusa para seguir adelante. Por supuesto correr no es la única forma de seguir adelante. Ni es imprescindible. Aunque sí es una buena demostración de tener esa voluntad y de tratar de llevarse bien con la vida. Hacer un Forrest no es imposible, aunque hoy por hoy es improbable. Lo importante sería sustituirlo por otras formas, que las hay seguro.
En tiempos inestables, es distinta la medida de lo importante. Uno tiene más sentido de lo trascendente. En mi caso ha reducido mucho el orgullo del éxito y el impacto del fracaso. Ambos son muy subjetivos y circunstanciales. Aunque dependieran solo de uno sería muy difícil medir el mérito o demérito. En cualquier caso son pasajeros. El logro no evita tener que continuar, el fracaso no puede frenarnos. Eso no quiere decir que, por ejemplo, en una maratón, una vez puesto en la salida, (nada menos esta vez que en un estadio olímpico, con historia, lo que se habrá vivido allí), no intente darlo todo. Ya que seguimos adelante mejor hacerlo al límite de nuestras posibilidades, para experimentar con toda intensidad todas las sensaciones, todas las emociones, las placenteras y las que no lo son tanto. Todo es vida.
Ámsterdam, en el país de los tulipanes, próximo paso adelante.