“Soy un enamorado del país de los tulipanes”. Eso es lo primero que se me viene a la mente cuando pienso en Holanda. Mi padre dijo eso excitado, emocionado. Casi lo gritó. Algo extraño, era un hombre tranquilo y comedido. Le gustaba Holanda. Nunca estuvo allí. Quizá le gustaba por su arte en la ingeniería que les permite ganar terreno al mar, de la que alguna vez habló con admiración. No, mi padre no era ingeniero. Quizá por el fútbol, por aquella “naranja mecánica”. Así que cuando Van Basten marcó ese gol imposible en la final de la Eurocopa, explotó ese amor a una patria extraña, y se declaró así, con tanta fuerza, cambiando su habitual rostro calmado de buen hombre por otro más encendido. Le gustó la frase, la repitió. No creo que lo recuerde tan vivamente por ver a mi padre eufórico, aunque se saliera de lo habitual. Con sinceridad, creo que lo recuerdo más porque me hizo rabiar: yo quería que ganaran los otros. Fíjate, rabiar, porque prefería a los rusos…bueno, los soviéticos, (no creo que nunca los llamara así). Rabiar, que se yo por qué. Qué más da. No es el mejor de los recuerdos que tengo con él, pero ahora, cuando el libro de memorias está cerrado, cuando nada se puede ya añadir, es tan valioso como los demás.
Así que fútbol y tulipanes eso es en esencia lo que es Holanda para mí. Del fútbol ese gol. De los tulipanes el negro. El negro no como luto, las emociones no tienen nada que ver con las apariencias. El negro por otras razones. Visto casi siempre de negro en las carreras. Así lo he hecho en las dos maratones que he corrido. En Ámsterdam repetiré, hay tradiciones que está bien mantener. Tulipán negro, algo raro, un extraño en su especie. Así me he sentido yo muchas veces. Seguro que casi todo el mundo se ha sentido así muchas veces. Pero quizá cuando se es solitario de natural y uno se refugia mucho en sus pensamientos, es más habitual sentirse así. Soy solitario; más aún en periodos inestables. Pero eso no quiere decir que no agradezca mucho los mensajes recibidos y los apoyos ofrecidos. Los valoro de verdad. Ayudan.
Un periodo inestable…cuando ocurre algo que agita de esa manera es normal. Que algo que siempre había sido ya no es. Pensar en lo que siempre se tiene apartado. Replantearse lo que se tenía archivado. La vida es así. Como el fútbol. Como los tulipanes también. Puede pasar mucho tiempo, años, en que la vida nos trata bien. Y entonces casi ni se lo agradecemos porque no le vemos la importancia. Pero otras veces no es tan fácil. Decir que nos muestra su peor cara no sería correcto. La vida siempre es igual, lo que pasa es que no nos fijamos. Simplemente, a veces, nos es desfavorable. Y entonces es cuando se demuestra si uno quiere a la vida. Claro que a ella le va a dar igual que la queramos o no, imagina lo que le va a importar. Pero para nosotros mejor hacerlo.
Siempre se aprende algo en la preparación de la maratón. En este caso creo haber mejorado mis habilidades en seguir adelante. Parece simple. No es nada épico. No al menos en mi caso, sí en otros con mucho más problemas y dolor encima. Y en ocasiones consiguiendo que otros de los que se cuida también sigan adelante. Eso sí es admirable. En mi caso es cuestión de hacerlo no solo por afición sino por disciplina. No siempre puede haber ilusión, a veces no hay ni ganas…se puede descansar, pero no renunciar a seguir adelante. Porque haciéndolo mejor o peor, acertando o equivocándose, todo es mejor que detenerse. Así que ahora es Ámsterdam, luego será Barcelona, Madrid, Berlín, Nueva York o Pekín…cualquiera que sirva de excusa para seguir adelante. Por supuesto correr no es la única forma de seguir adelante. Ni es imprescindible. Aunque sí es una buena demostración de tener esa voluntad y de tratar de llevarse bien con la vida. Hacer un Forrest no es imposible, aunque hoy por hoy es improbable. Lo importante sería sustituirlo por otras formas, que las hay seguro.
En tiempos inestables, es distinta la medida de lo importante. Uno tiene más sentido de lo trascendente. En mi caso ha reducido mucho el orgullo del éxito y el impacto del fracaso. Ambos son muy subjetivos y circunstanciales. Aunque dependieran solo de uno sería muy difícil medir el mérito o demérito. En cualquier caso son pasajeros. El logro no evita tener que continuar, el fracaso no puede frenarnos. Eso no quiere decir que, por ejemplo, en una maratón, una vez puesto en la salida, (nada menos esta vez que en un estadio olímpico, con historia, lo que se habrá vivido allí), no intente darlo todo. Ya que seguimos adelante mejor hacerlo al límite de nuestras posibilidades, para experimentar con toda intensidad todas las sensaciones, todas las emociones, las placenteras y las que no lo son tanto. Todo es vida.
Ámsterdam, en el país de los tulipanes, próximo paso adelante.
Así que fútbol y tulipanes eso es en esencia lo que es Holanda para mí. Del fútbol ese gol. De los tulipanes el negro. El negro no como luto, las emociones no tienen nada que ver con las apariencias. El negro por otras razones. Visto casi siempre de negro en las carreras. Así lo he hecho en las dos maratones que he corrido. En Ámsterdam repetiré, hay tradiciones que está bien mantener. Tulipán negro, algo raro, un extraño en su especie. Así me he sentido yo muchas veces. Seguro que casi todo el mundo se ha sentido así muchas veces. Pero quizá cuando se es solitario de natural y uno se refugia mucho en sus pensamientos, es más habitual sentirse así. Soy solitario; más aún en periodos inestables. Pero eso no quiere decir que no agradezca mucho los mensajes recibidos y los apoyos ofrecidos. Los valoro de verdad. Ayudan.
Un periodo inestable…cuando ocurre algo que agita de esa manera es normal. Que algo que siempre había sido ya no es. Pensar en lo que siempre se tiene apartado. Replantearse lo que se tenía archivado. La vida es así. Como el fútbol. Como los tulipanes también. Puede pasar mucho tiempo, años, en que la vida nos trata bien. Y entonces casi ni se lo agradecemos porque no le vemos la importancia. Pero otras veces no es tan fácil. Decir que nos muestra su peor cara no sería correcto. La vida siempre es igual, lo que pasa es que no nos fijamos. Simplemente, a veces, nos es desfavorable. Y entonces es cuando se demuestra si uno quiere a la vida. Claro que a ella le va a dar igual que la queramos o no, imagina lo que le va a importar. Pero para nosotros mejor hacerlo.
Siempre se aprende algo en la preparación de la maratón. En este caso creo haber mejorado mis habilidades en seguir adelante. Parece simple. No es nada épico. No al menos en mi caso, sí en otros con mucho más problemas y dolor encima. Y en ocasiones consiguiendo que otros de los que se cuida también sigan adelante. Eso sí es admirable. En mi caso es cuestión de hacerlo no solo por afición sino por disciplina. No siempre puede haber ilusión, a veces no hay ni ganas…se puede descansar, pero no renunciar a seguir adelante. Porque haciéndolo mejor o peor, acertando o equivocándose, todo es mejor que detenerse. Así que ahora es Ámsterdam, luego será Barcelona, Madrid, Berlín, Nueva York o Pekín…cualquiera que sirva de excusa para seguir adelante. Por supuesto correr no es la única forma de seguir adelante. Ni es imprescindible. Aunque sí es una buena demostración de tener esa voluntad y de tratar de llevarse bien con la vida. Hacer un Forrest no es imposible, aunque hoy por hoy es improbable. Lo importante sería sustituirlo por otras formas, que las hay seguro.
En tiempos inestables, es distinta la medida de lo importante. Uno tiene más sentido de lo trascendente. En mi caso ha reducido mucho el orgullo del éxito y el impacto del fracaso. Ambos son muy subjetivos y circunstanciales. Aunque dependieran solo de uno sería muy difícil medir el mérito o demérito. En cualquier caso son pasajeros. El logro no evita tener que continuar, el fracaso no puede frenarnos. Eso no quiere decir que, por ejemplo, en una maratón, una vez puesto en la salida, (nada menos esta vez que en un estadio olímpico, con historia, lo que se habrá vivido allí), no intente darlo todo. Ya que seguimos adelante mejor hacerlo al límite de nuestras posibilidades, para experimentar con toda intensidad todas las sensaciones, todas las emociones, las placenteras y las que no lo son tanto. Todo es vida.
Ámsterdam, en el país de los tulipanes, próximo paso adelante.